sábado, 12 de abril de 2014

Obra de teatro para niños: “LA SABIDURÍA DE LO ALTO” (completa)

“LA SABIDURÍA DE LO ALTO”

Personajes:

Hormiga narradora: Brenda
Gabriel: Alejandro
Lucho: Carlitos
Nana: Stephanie
Mamá: Iris

Dos escenarios: La montaña y la casa de Gabriel

Hormiga Narradora: (Suspiro) ¡Otro hermoso día de verano! hay tanta comida que recoger, el reino de las hormigas se encuentra agradecido de la grande provisión, gracias Señor. Soy Isabel, la hormiga narradora de cuentos, hoy, como todos los veranos tengo una historia que contar, se trata de Gabriel ¿quieren escucharla?... (Entra Gabriel y hace como que está haciendo unas alas). 
Había una vez un muchacho que deseaba ser especial, él no quería ser como todos los demás, Gabriel creía que si inventaba una máquina para volar, la gente lo admiraría, (salen las hormigas y comienzan a caminar con comida en la mano y se detienen en su hormiguero) cerca de su casa  se encontró un hormiguero (Gabriel deja de lado sus alas y comienza a observar), Gabriel se pasaba observando a las pequeñas creaturas, le llamó la atención que todas eran iguales, y se propuso descubrir si había algo que las hiciera diferentes y especiales.
Gabriel: No, tampoco ésta, ni ésta, ésta es igual a la otra, mm… ¡todas son iguales!, ¿no habrá una, aunque sea una diferente? No, todas son iguales. Oiga doña hormiga, me puede decir: ¿por qué todas ustedes son igualitas? Además siempre están trabajando, ¿qué no se divierten?
(Salen más hormigas y empiezan a quererle picar)
Gabriel: Perdóneme… ¡Ay! ¡Ok! ¿Qué?… bueno, adiós….
Hormiga Narradora: El idioma de las hormigas no le entendió Gabriel, pero lo que quiso decir nuestra amiguita es que las hormigas saben lo que es bueno y es que ellas han escuchado un gran consejo…
(Se escucha la canción de la Sabiduría amiguitos de Jesús)
Nana: (entra volando) Gabriel… Grabielito… a ver… a ver una sonrisita… éste dedito te hace reír (agarra su dedo y lo coloca para hacerle una sonrisa)… éste dedito te hace reír… pero niño… ¿por qué estás tan enojado muchachito rrr…?   
Gabriel: Estoy enojado porque mi mamá no me dio permiso para comprar golosinas, además  estoy muy enojado porque tuve que comer toda la comida que me sirvió… wacala, caldo de res, no me gusta nada… todas esas verduras, ejotes, apio, chayote… fuchi…  (voltea y observa un dulce y lo recoge y pone una cara feliz)
Nana: Yo pienso que las verduritas son tan sabrosas, mmmm… y las cascaras de zanahoria… mmmm…  son una delicia para una guacamaya como yo…rrr….
Gabriel: No, lo peor es el repollo wacala… Carola, ¿tú crees que es verdad que si comes verduras te vuelves inteligente?, yo quiero ser muy inteligente, tanto que los demás me vean y se asombren, imagina… quisiera que dijeran, ahí va… Gabriel el genio; miren ahí está, el sabio más importante de la ciudad (desanimado) pero mírame soy un muchacho flaco que no tiene nada especial, ni siquiera he inventado algo que me haga volar por las alturas.
Nana: Mmm, No te preocupes Gabrielito… ya crecerás y aprenderás a ser sabio, por lo pronto no deberías ser tan orgulloso niño, tu mamá quiere lo mejor para ti,  y ahora, regresa a tu casa y haz las paces con ella…rrr…
Gabriel: No estoy seguro, mi mamá no me entiende, nadie me entiende, ya verán que voy a ser muy importante
(Entran las hormigas y le quitan su golosina)
Gabriel: ¡Hey! ¡Hormigas! Yo vi primero la comida, ¡Hey! No me la quiten, ¡ay! ¡Qué enojado estoy! Nada me sale bien, tengo que ir a mi lugar secreto a pensar, sí, eso haré, debo estar solo para pensar, tengo que ser el primero, tengo que ser el más importante. ¡Carola! (ella se espanta), dile a mi mamá que voy a llegar tarde, y que no me busque porque voy a estar en un lugar secreto.
Nana: Si, si Gabrielito, pero ten cuidado niño, no es bueno pensar sólo en ti… no es bueno que seas tan orgulloso…  y mírate, menos cuando estás así tan enojado, ¡Ayyy!… ¡qué preocupación!...  ¿qué le voy a decir a tu mamá?... rrr…
Hormiga Narradora: Si algo tenemos las hormigas, es que no somos nada orgullosas, sólo pensamos en ser sabias y prepararnos para el invierno, gracias a Dios que nos hizo así,  además, el ejército de hormigas sigue trabajando ahora mismo allá mismo en el hormiguero, ¡Qué descanso!... Bueno, nuestra historia continúa, ¿dónde nos quedamos? Ah sí, Gabriel se fue enojado a su lugar secreto, la montaña que estaba cerca de su casa era el lugar secreto de Gabriel, y mientras el muchacho orgulloso se pasaba horas aventando piedras a cuanta ave veía pasar, un aguilucho que había nacido hacía un poco tiempo se asomó desde su nido y fue tal su movimiento que cayó hasta el pie de la montaña justo donde Gabriel se encontraba.
Lucho: ¡Ay…ay… ay… ay…! ¡Cómo me duele! (Se soba)
Gabriel: ¿Tú quién eres? , ¿De dónde saliste?...
Lucho: (Quejándose) Yo soy Lucho, mucho gusto.
Gabriel: Mucho gusto, me llamo Gabriel, oye, ¿te lastimaste?
Lucho: (con pena) No, nombre ¿cómo crees?, ¿yo, Lucho lastimarme?, no, ni lo pienses…  ay… (Arrepentido y sobándose) La verdad es que si me duele ésta patita y mi alita derecha también, ¡ay, ay, ay!
Gabriel: Y, ¿qué haces aquí Lucho?
Lucho: Yo soy un águila, quiero decir… (        Emocionado) un águila pequeña que va a crecer y se convertirá en una gran águila voladora,  voy a volar y volar muy alto, voy a volar más allá de las tormentas.
Gabriel: ¿Eso se puede hacer?
Lucho: Claro, las águilas somos muy fuertes, Dios nos hizo fuertes y valientes también, sabemos escoger lo que es mejor; si nos quedamos debajo de las tormentas no podemos volar, la lluvia y el viento nos pueden llevar contra las rocas de las montañas, por eso escogemos volar hacia arriba…
Gabriel: Wow… ustedes las águilas son muy especiales…  
Lucho: Ehhh… claro…
Hormiga Narradora: El nuevo amigo de Gabriel, Lucho, no sabía que éste joven tan orgulloso no era bien recibido en el pueblo donde vivía, es que había hecho enojar a la gente del pueblo con sus travesuras, es que había hecho enojar a la gente del pueblo con sus travesuras
Gabriel: Yo quiero aprender a volar como las águilas ¿podemos ser amigos?... ¿me enseñas a volar Lucho?
Lucho: Claro… oye… pero dime…. ¿Tú que hacías en la montaña?
Gabriel: Ah…. Verás… cada vez que me enojo, ehhh….  voy a la montaña para tratar de subir hasta allá arriba; yo también quiero volar, volar muy alto y escapar de todo lo que me enfurece.
Lucho: ¿Escapar dices?... ven Gabriel , ¿Sabes de dónde viene la sabiduría para volar como nosotros las águilas?
Gabriel: Pues no…
Lucho: Déjame decirte, que la fuerza viene del cielo, mira… te voy a contar de una persona que a mí me ha dado toda la fuerza, ésta persona se llama: Jesús…
Gabriel: Mira Lucho… te voy a enseñar algo que hice, estoy seguro que te va a gustar… mira… mira… ¿crees que estas alas me sirvan Lucho? Trabajé muchas horas haciéndola, aunque son de papel me quedaron muy bien… Soy muy bueno para todo, soy tan inteligente
Lucho: A ver… déjame ver,  pues yo creo que están… más o menos, pero me temo que con estas alas de papel será muy difícil volar
Gabriel: No… será realmente fácil, ya verás… Todo lo que yo hago resulta muy bien
Lucho: ¿Ah sí?, oye  parece haberte escuchado que todo te sale mal cuando estábamos allá en la montaña
Gabriel: Bueno, ese día algo me había salido mal, pero… hoy debo aprender a volar…
Lucho: Mira, así… así …
Gabriel: Déjame, yo sé mira…
Lucho: Así no se aprende a volar amigo…
Gabriel: Pues enséñame Lucho…
Lucho: Mira, tienes que hacerle así, o mejor así, no… estas alas no funcionan…
(Entra la nana buscando a Gabriel, él se esconde atrás del aguilucho)
Nana: Gabriel…. Gabrielito, ¿Dónde te has metido mi niño? tu mamá quiere que vayas a comer, Gabriel…
Lucho: ¡Ay! Y ¿quién es esa señora?
Gabriel: (Se dirige a Lucho) Ella es Carola, mi nana, ella me ha acompañado desde que era un bebé.
(Ella lo escucha y se dirige a Gabriel) Ay… Aquí estás mi niño…
Gabriel: Carola, no quiero ir a comer, regresa y dile a mi mamá que no me encontraste… Sigamos Lucho… No hay tiempo que perder.
Lucho: Amm… Eso no me suena sabio, no deberías hablarle así a doña Guacamaya
Nana: Ehh… Perdón… Doña Carola por favor…
Lucho: Perdón usted doña Carola, oye Gabriel… Yo creo que si quieres ser como las águilas debes adquirir sabiduría y sabiduría que viene de lo alto.
Nana: Y ¿quién es usted joven?... (Lo mira de pies a cabeza)
Gabriel: ¿Joven? Si apenas es un niño como yo, aunque a decir verdad has crecido mucho Lucho, ya no eres el aguilucho bebé que cayó del nido.
Lucho: ¿Tú crees? Mmm… Quizá tengas razón…
Gabriel: Si… Mira Carola te presento a Lucho, mi amigo, el águila.
Nana: Ah… tanto gusto Señor Águila… qué bueno que ha estado cuidando de Gabrielito porque usted no está para saberlo ni yo para contarlo, pero éste muchachito necesita mucha ayuda… es muy orgulloso, no le hace caso a su mamá, no quiere comer verduras… imagínese…
Gabriel: ¡Carola! No me gusta que no hables de mí de esa manera… (Enojado) ya te dije que te vayas… aléjate de mí, vete Carola…
Nana: Ahhh… Rrrr… Ahhh… Rrr…. (Sale sorprendida y triste)
 Gabriel: Y tú amigo, no necesito de tus consejitos… tú también te puedes ir, ya me cansé de éste asunto, de… adquiere sabiduría, busca la sabiduría, encuentra la sabiduría; la sabiduría y tú se pueden ver de mi vista. Anda Aguilucho, vuela a ver si puedes… aja… no puede, no puede jajaja…  (Sale triste y decepcionado el aguilucho)
Hormiga Narradora: Los dos amigos de Gabriel se fueron tristes, las palabras hirientes del muchacho sonaron fuerte en el águila y en la guacamaya,  ¿qué deberá hacer ahora Gabriel? El día estaba terminando, a lo lejos se veían las luces de las casitas del pueblo, Gabriel se quedó ahí… pensativo, de pronto elevó sus ojos al cielo.
Gabriel: (triste) Creo que cometí un grave error, le dije cosas feas a mi amigo y a mi nana, no me van a perdonar, ¿qué haré para que me vuelvan a querer?, soy tan malo… quisiera… cambiar las cosas, no me gusta cómo soy… (Decidido) un momento… Lucho me repite una y otra vez que busque la sabiduría de lo alto, claro… eso haré, buscaré la sabiduría… (Desanimado) pero ¿dónde?... ¿dónde? (animado) Le voy a preguntar a mi amigo Lucho y le diré que quiero cambiar y que no voy a ser tonto otra vez, voy a ser sabio, eso es, voy a ser sabio…
Hormiga Narradora: (Suspira) Ay… esta historia se está poniendo cada vez más hermosa, Gabriel no fue sabio al enojarse con sus amigos, pero gracias a Dios que esto tiene solución… sigamos con la historia, cuando llegó la mañana Gabriel buscó a Lucho, lo buscó en el pueblo y preguntó a toda la gente que se encontró, algunos de ellos se sorprendieron al ver a Gabriel tan cambiado, y es que algunas veces Gabriel había hecho travesuras en el mercado, en la panadería ¡y con el joyero se había enojado porque no le prestó un reloj antiguo! Pero esta mañana había algo diferente en Gabriel, ¿habría adquirido la sabiduría?
Gabriel: Lucho no está en el pueblo, no lo encontré ni en el mercado, ni en la panadería, ni con el joyero, (pensativo) ¿dónde puede estar? ¡En la montaña! Eso es… debe de estar en la montaña, iré a buscarlo… Lucho, Lucho… ¿estás aquí?, ¡amigo!, por favor, sal donde quiera que estés…
Lucho: Aquí estoy Gabriel… te he estado esperando… sabía que vendrías…
Gabriel: ¿Lo sabías?
Lucho: Si, tú quieres ser diferente ¿verdad?
Gabriel: Pues si… Lucho, ehh… tú te vez diferente, ¿Haz crecido verdad? Yo también quiero verme así… especial y diferente.
Lucho: Pues la única respuesta a tu búsqueda, está aquí, en las alturas, donde se encuentra la sabiduría que viene de lo alto, de Dios… por eso sabría que vendrías…
Gabriel: Ah… Lucho, este… yo… eh… eh bueno yo he venido a pedirte perdón, me porté mal contigo, te ofendí cuando te dije que no quería tus consejos, pero ya me di cuenta que fui un necio, un tonto, pero ahora quiero ser sabio y… y… Lucho, ¿me perdonas?
Lucho: Claro que si amigo, sé sabio Gabriel, Dios te hará verdaderamente especial, el temor de Dios es el principio de la sabiduría.  
Gabriel: ¿El temor de Dios? ¿Qué es eso?
Lucho: Es apartarse del mal, es obedecer la Palabra de Dios para ser sabio, tienes que conocer a Dios y su sabiduría, Gabriel.
Gabriel: Claro… eso haré Lucho… ¡Quiero ser sabio!
Lucho: ¡Muy bien amigo! …
Gabriel: ¡Bien!
Lucho: Eso hay que celebrarlo
Gabriel: ¡Sí!
Lucho: ¡Vas a ser sabio Gabriel!
Gabriel: ¡Sí! Lucho debo hacer algo más… Creo que debo ir con Carola a pedirle perdón también…  ¿me acompañas? Debe estar en mi casa…
Lucho: Claro amigo… ¡Vamos!
Gabriel: Vente vamos… ¡Carola…Carola!... ahh… No está aquí Lucho… ¡Ven! ¡Vamos!, ya sé dónde puede estar… ¡Carola…Carola ya te encontré!...
Nana: (Quejándose) Rrr… Gabriel… Gabrielito… te he estado buscando por mucho tiempo niño…
Gabriel: si… si… Carola… Carola… perdóname nana.
Nana: Claro que si te perdono corazoncito… Un momento… pero ¿qué te ha pasado niño? Tú nunca habías pedido perdón… rrr…
Gabriel: Si Carola, he cambiado… he encontrado la sabiduría… ¿te digo cómo?
Nana: Si… dime… dime…
Gabriel: Bien… bien… La sabiduría viene de Dios, fue Dios el que me habló aquella tarde después que les ofendí a ti y a Lucho, entendí que mi boca es una fuente de agua dulce, entonces sólo debo decir palabras de bien, también he aprendido que tener amigos es sabio y yo tengo los mejores amigos.
Lucho: Doña Carola, usted no tiene nada de qué preocuparse, aquel niño orgulloso y enojón ha encontrado la sabiduría….
Nana: Ay mi niño… Yo sabía que un día tú serías muy especial… rrr…
Hormiga narradora: Les dije que esta historia estaba poniéndose cada vez más hermosa… Gabriel había aprendido a ser humilde, a usar su lengua con sabiduría a brillar pero no con su propia luz, sino con la luz de Jesús, y a buscar al que le da la fuerza para volar más alto… ese día Gabriel, Carola y Lucho celebraron esta felicidad.
Gabriel: Lucho, Carola… ¿qué les parece si mañana subimos a la montaña?
Nana: Si… claro… ooo
Lucho: Pero nos vamos tempranito al amanecer…
Gabriel: Buena idea…               
Hormiga narradora: Los tres amigos estaban felices por el cambio de Gabriel, él había aprendido que el temor de Dios es el principio de la sabiduría, en aquél momento, Gabriel debía tener al único y sabio Dios, pero a Gabriel le faltaba camino por recorrer en la búsqueda de la sabiduría, el muchacho recordaba a las hormigas que le enseñaron a ser sabio y a trabajar, a no perder el rumbo.
Gabriel: A no perder el rumbo, a no perder el rumbo…
Hormiga narradora: Fue entonces que también recordó a su mamá,
Gabriel: iii… ¡Carola! ¿Dónde está mi mamá? Quiero verla y pedirle perdón también a ella.
Nana: Rrr… Se fue al mercado mi niño, iba a comprar las cosas para la comida… va a cocinar lo que a ti tanto te gusta.a.a….
Gabriel: ¿Caldo de res?
Nana: No niño…
Gabriel:¿Repollo cocido?
Nana: Pero, ¡cómo crees! Si esa comida no te gusta… rrr…
Gabriel: ¿entonces? No me digas que va a cocinar albóndigas con arroz….
Nana: Rrr… eso dijo…
Gabriel: iii… Entonces quiero ir de inmediato con ella, vamos Carola… corre…
Lucho: Corran amigos, yo iré a la montaña, debo practicar mis vuelos para cuando venga una tormenta. Allá los espero mañana… desde lo alto los podré ver… adiós.
Gabriel: Mamá… Mamá…
Mamá: ¿Cómo estás hijo? Qué bueno que llegaste.
Gabriel: Mamá, no sabes lo que me ha pasado… Estaba en la montaña y de repente se me apareció un águila…
Mamá: Si…
Gabriel: Se llama Lucho mamá… y es mi amigo y me dijo que… que… Eee
Mamá: A ver… un momento, un momento… cuéntame todo despacito                     
Nana: Rrr… es cierto Doñita… Gabrielito conoció un Águila… un poco desplumada…  pero al fin es un águila…
Gabriel: Y Lucho… y Lucho… el águila, me dijo que debería de buscar la sabiduría que viene de lo alto… Y lo hice mamá… fue cuando empecé a recordar que me enojé contigo y te respondí mal… pero ahora quiero ser sabio, te quiero pedir perdón mami…
Mamá: Claro que sí hijo… ven… abrázame…
Gabriel: Tú también abrázanos Carola…
Hormiga narradora: El ejército de hormigas casi terminó de juntar comida para el invierno, gracias a Dios estaremos seguras durante todas las estaciones, lo que ya casi termina es la historia de Gabriel, ¿se acuerdan que al principio éste muchacho se portaba como un necio?, ¿se acuerdan también cómo fue adquiriendo la sabiduría que viene de Dios? Pues en mi libro sólo queda una página por leer… es la parte que más me gusta de ésta historia… ¡Vamos a disfrutarla!... Era el fin del verano, el pueblo entre la montaña vivía días de calma, en la casa de Gabriel ya no se escuchaban gritos de un niño berrinchudo, ahora se escuchaban los cantos alegres de quién aprendió la sabiduría… una tarde Gabriel salió al patio de su casa, buscó a las hormigas y no las encontró… pero el sonido del viento y del relámpago le recordó a su amigo Lucho y no pudo evitar el deseo de subir a la montaña.
Gabriel: ¡Ay!, se acerca una tormenta… ¿Dónde estará Lucho? ¿Podrá volar por encima de las nubes negras? Quisiera ver cómo lo hace… Él dijo que Dios había hecho a las águilas fuertes y valientes… pero el viento golpea todo… ¿podrá tener la fuerza para que no sea golpeado por las rocas?
Nana: Rrr…. ¿Qué haces aquí niño? ¿No vez que se avecina una gran tormenta?
Gabriel: Ya sé Carola, pero no puedo dejar de pensar en Lucho…
Lucho: No te preocupes Gabrielito… él estará bien… vamos adentro de la casa…
Gabriel: No, debo de ir a ver a mi amigo, debo estar seguro que no le pase nada.
Nana: Eh… cuídate mucho niño…. Rrr…
Gabriel: Lucho… Lucho…
Lucho: Acá estoy Gabriel…
Gabriel: ¿Dónde?
Lucho: Acá arriba…
Gabriel:¿Cómo le hiciste para subir tan arriba?
Lucho: Pues volé y ya…
Gabriel: Yo también quiero llegar hasta arriba… Lucho… tenía miedo que la tormenta te hiciera daño… pero no te pasó nada… es verdad que las águilas vuelan más alto que las tormentas…
Lucho: Gabriel… tú también has llegado muy arriba… has encontrado la sabiduría… has cambiado... mira allá abajo… tu mamá y Carola están viéndote.
Gabriel: ¡Mamá! ¡Carola! Nunca dejaré la sabiduría… Mira Carola, Lucho está volando… wow…  vuela más alto, ¡tú puedes! ¡Vuela más alto! Por ahí…
Hormiga narradora: El verano ha terminado… La historia de Gabriel también terminó por ahora… yo como todas las hormigas, me prepararé para el invierno, buscaré otra historia hermosa como la de Gabriel para el próximo verano, las últimas palabras de este libro dicen: Gabriel creció en estatura, en gracia y en conocimiento porque fue prudente y sabio, cada día de su vida hizo de éste pasaje su lectura favorita: el temor del Señor es el principio de la Sabiduría.
(Entran las hormigas y comienzan a cantar, cantan todos los personajes de la historia: en sabiduría crezco cada día)






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